El ser humano pierde en su carrera de auto-superación. Generación tras generación, la meta es no cometer errores del pasado, para no tropezar con la misma piedra. Aunque, por el contrario, el ser humano tiende a cometer el mismo error una y otra vez. Eso sí, si la primera piedra se llamó Monarquía, la segunda se va a llamar Democracia. Si la primera piedra se llamó el Papa, la segunda se llamó Naciones Unidas. Si la primera piedra se llamó bufón, la segunda se llamó TV. Es decir, el ser humano cae en las distintas trampas del propio ser humano, pero se toma el trabajo de cambiar los nombres de las trampas. Nos cambian el color del veneno para que lo sigamos comiendo.
La conclusión de este simple párrafo es la siguiente. Hasta el día de hoy, la masa, la plebe, los ciudadanos, la mayoría, cayó en la trampa de una concentrada elite de pocas personas con mucho poder. La minoría gobernante se dio el trabajo de cambiar la máscara y el nombre del poder, cada vez que la mayoría intrascendente se 'avivó' de la trampa. Así fue pasando el tiempo, fueron cambiando los nombres, y los paisajes, pero las estructuras, fueron siempre las mismas. Los cebos cambian, las ratas no. Las minorías siempre fueron las mismas, las mayorías también. El poder nunca cambió de lugar, solo de máscara.
Sin embargo, ¿De qué manera organizada y justa, podemos cambiar el mundo? Es fácil criticar, y es difícil proponer. El sistema no es perfecto, pero es perfectible. ¿Qué carajo hacemos nosotros para que esto cambie? Le damos las monedas del vuelto de los caramelos o del bondi a los pobres, y somos RE buenas personas, imaginate, ¡Nos ganamos el cielo!
El problema del ser humano es la paja. Todo lo perdemos por la paja. Amigos, amigas, novios, novias, familiares, plata, trabajo, felicidad. Tenemos paja para agarrar el control remoto del otro lado de la cama, y pretendemos cambiar el mundo.
Uno tiene lo que se merece, y el ser humano, lo tiene.
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